
Gustavo Brandán bajó anoche a Villa Carlos Paz con una consigna sencilla de pronunciar, pero bastante más difícil de ejecutar: ordenar al peronismo y cerrar las grietas antes de que empiece la campaña de verdad.
El funcionario provincial, hoy uno de los hombres encargados del armado político y territorial para la reelección de Martín Llaryora, reunió a las distintas expresiones del PJ de Carlos Paz y Punilla con un objetivo central: evitar que las diferencias internas terminen complicando el objetivo mayor de 2027.
Porque todos dicen trabajar para lo mismo: la continuidad de Llaryora. El problema es que no todos pretenden hacerlo desde el mismo lugar. De un lado aparece el caserismo, con Mariana Caserio —hija del exsenador Carlos Caserio— al frente y con el control, por lo menos en lo formal, de la estructura partidaria. Del otro, Libia Smania, que viene intentando instalarse como una expresión de renovación dentro del peronismo carlospacense.
Una renovación que, al menos hasta ahora, chocó con un dato concreto: cuando llegó el momento de disputar la conducción del PJ local, Smania terminó bajándose y el caserismo volvió a quedarce con el partido colocando como presidente al concejal Carlos Quaranta.
La prioridad del Panal parece ser que nadie se distraiga discutiendo liderazgos locales mientras Llaryora necesita tener toda la maquinaria peronista trabajando para su reelección.
Brandán consiguió ordenar una mesa y mostrar una foto. Ahora viene lo más difícil: conseguir que esa unidad sobreviva a los personalismos.