La incógnita De la Sota: ¿dónde juega en 2027?

El tablero político empieza a reconfigurarse de cara a 2027 y uno de los nombres que vuelve a cobrar centralidad es el de Natalia de la Sota. La hija del tres veces gobernador José Manuel De La Sota ya no es solo una referencia heredada de un apellido con peso propio en Córdoba, sino una dirigente que busca consolidar volumen político propio.

Su desempeño en las últimas elecciones legislativas —donde alcanzó el 8,7% de los votos, yendo por fuera del esquema «llaryorista» y en una de las provincias más determinantes del país— la posiciona como una figura atractiva para distintos espacios del peronismo. Ese caudal, si bien no es lineal ni automáticamente transferible, funciona como una base de negociación en un contexto donde cada punto electoral adquiere valor estratégico.

En este marco, la actual diputada se mueve con cautela. Mantiene una agenda activa tanto en Córdoba como en otras provincias, y conserva una relación fluida con Sergio Massa, lo que la vincula con sectores del peronismo de perfil más moderado. Al mismo tiempo, se mantiene diferenciada del oficialismo provincial, aunque sin romper puentes con el gobierno de Martín Llaryora.

Ese equilibrio la deja en una posición expectante. Dentro del peronismo cordobés, no son pocos los que la imaginan como una pieza clave para ampliar la base electoral del oficialismo en 2027. Pero también aparece como una figura tentadora para el armado de Kicillof: «su perfil podría encajar como complemento en una fórmula nacional encabezada por Axel Kicillof» apuntó uno de los referentes de Córdoba que viene trabajando para la instalación del gobernador bonaerense en la provincia. Un intento por ampliar hacia el interior una propuesta históricamente anclada en el conurbano bonaerense.

A medida que se acortan los tiempos —con la mirada puesta tanto en las elecciones provinciales como en las presidenciales de octubre de 2027—, Natalia De La Sota empieza a jugar su propio partido. Su desafío será transformar ese capital simbólico y electoral en una construcción política más sólida, capaz de trascender el legado familiar sin desprenderse de él.

En paralelo, el desgaste del gobierno de Javier Milei introduce una variable adicional: un escenario de mayor competitividad para el peronismo en sus distintas vertientes. En ese contexto, figuras intermedias como De la Sota pueden terminar siendo determinantes en la ingeniería de alianzas.

Por ahora, no hay definiciones cerradas. Pero sí una certeza: en un peronismo que busca reordenarse, Natalia de la Sota dejó de ser una incógnita para convertirse en una pieza en disputa.

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