
Según un relevamiento de la Consultora Delfos correspondiente al período enero–abril de 2026, la preocupación por la corrupción experimentó un crecimiento sostenido y alarmante, duplicando su incidencia en apenas cuatro meses.
En enero, el 17% de los encuestados señalaba a la corrupción como su principal inquietud. Sin embargo, el último corte de abril eleva ese número al 33%, posicionándola como la problemática más mencionada a nivel país. El dato no es menor: desplaza a variables históricamente dominantes como la inflación, que cae al 19%, y el desempleo, que se ubica en un 12%.
Este cambio en la percepción social no ocurre en el vacío. En un contexto donde el oficialismo libertario había construido buena parte de su capital político sobre la promesa de transparencia y “fin de los privilegios”, el crecimiento de la desconfianza en torno a la corrupción abre interrogantes sobre la sustentabilidad de ese relato.
En este escenario, el oficialismo enfrenta un doble desafío: sostener su narrativa anticasta mientras gestiona las tensiones propias del ejercicio del poder. La evolución de estos indicadores en los próximos meses será clave para medir no solo el humor social, sino también el margen de maniobra política de un espacio que llegó prometiendo ruptura y hoy comienza a ser evaluado bajo los mismos parámetros que sus antecesores.