
El radicalismo cordobés volvió a su liturgia más sincera: el asado. El mediodía de hoy, terminó funcionando como una mesa de presión política donde la renovación partidaria dejó de ser un tema postergable para convertirse en una urgencia incómoda.
El encuentro, aunque sin fotos, tuvo como anfitrión a Dante Rossi, actual legislador, donde se reunió casi la totalidad de los dirigentes opositores a la actual conducción partidaria. No fue una reunión más: fue una señal. Entre los comensales se sentaron nombres de peso dentro del universo “boina blanca”, muchos de ellos con historia de gestión y volumen político propio, como Juan Jure, Ramón Mestre, Carlos Brinner, Diego Mestre, Sebastián Peralta y Luis Quiroga, además de un nutrido grupo de dirigentes del interior, entre concejales y tribunos de cuentas.
El menú fue claro desde el primer momento: exigir la convocatoria a la renovación de autoridades del comité provincial. Lo que describen como “el silencio que aturde” de la actual conducción, que no solo genera malestar, sino que empieza a leerse como una estrategia de dilación frente al inminente vencimiento de mandatos, el próximo 1° de septiembre.
Pero como suele pasar en la política radical, las definiciones importantes llegan entre plato y plato. Y fue en el “postre” donde se terminó de cocinar la decisión más relevante: avanzar con una convocatoria amplia en 15 días en la histórica Casa Radical. Una jugada que busca reunir a dirigentes, afiliados y viejos referentes que supieron tener peso en la estructura partidaria.
El dato no menor —y que revela el nivel de tensión interna— es que ya hay advertencia incluida: si las actuales autoridades niegan el acceso a la sede partidaria, el encuentro se realizará en la misma plazoleta. Traducido al idioma político: la interna está dispuesta a salir a la calle. Como cierre, el clásico “té radical” dejó otra señal: la próxima reunión buscará sumar a históricos como Carlos Becerra y Fernando Montoya. Una jugada que apunta a dotar de volumen político. Mientras tanto, el reloj avanza. Y en política, cuando los tiempos institucionales se vencen y las decisiones no llegan, alguien —inevitablemente— termina ocupando ese lugar. Aunque no haya sido elegido.