
La transparencia fue durante años una de las principales banderas discursivas del avilesismo. Sin embargo, a medida que pasan los años, la realidad parece contrastar con ese relato.
Con casi 24 años en el poder, Esteban Aviles parece haber dejado atrás las normativas vigentes. Esta vez, porque existen familiares del intendente y de otros funcionarios ocupando puestos en el municipio, algo que va en contra de la Ordenanza N.º 5922, que prohíbe expresamente, en su Articulado 20, la designación de familiares en cargos municipales.
La reconstrucción de este entramado no fue sencilla. La escasa información pública disponible y las dificultades para acceder a datos oficiales obligaron a realizar un trabajo de investigación periodística para identificar distintos vínculos familiares distribuidos en diferentes áreas del municipio y bajo diversas modalidades laborales, que van desde contratos y becas hasta locaciones de servicios.
Entre los casos relevados aparece la propia familia del intendente. Su expareja y madre de sus hijos, María José Siragusa, figura vinculada a la Dirección de Desarrollo Social. Su actual pareja, Marina Mosse, ya había sido objeto de debate público, pero la nómina también alcanza a Valeria Mónica Mosse, hermana de Marina y cuñada del intendente, quien se desempeña en Asesoría Letrada. A ello se suma Ignacio Nuza, pareja de otra integrante de la familia, Omi Mosse, vinculado al área de Mantenimiento Municipal.
La lista continúa con dirigentes de máxima confianza del oficialismo. La presidenta del Concejo de Representantes, Alejandra Roldán, tiene a su pareja, Alfredo Zapata, dentro del mismo cuerpo legislativo. La vicepresidenta primera, Raquel Merlino, comparte la estructura municipal con su hermana, Roxana Merlino, quien trabaja en el área de Cultura.
También aparecen nombres de dirigentes que llegaron desde la oposición y hoy forman parte del esquema oficialista. Es el caso de Noelia Roñoni, cuyo sobrino Maximiliano, figura dentro de la administración municipal, y de Natalia Lenci, hoy funcionaria del avilesismo, con su expareja, Guillermo Ramírez, trabajando en coordinación gral. de seguridad y el hijo de ambos, Lautaro, como guardia en la dirección de servicios públicos.
El funcionario Roberto Buzzurro aparece relacionado con varios familiares dentro del municipio: su pareja, Vanina Cortez, se desempeña como cajera municipal; y sus dos sobrinas, Claudia e Iohanna Durán, están distribuidas entre la recepción de la Secretaría de Coordinación y el Juzgado de Faltas Municipal, respectivamente.
La nómina incluye además a Hernán Anders, uno de los hombres más influyentes del entorno de Avilés y considerado por muchos como el verdadero «monje negro» del oficialismo local. Su hermano, Gustavo Anders, cumple funciones en Desarrollo Social.
Una situación similar ocurre con Germán y Carla Livelli, en Turismo y Desarrollo Urbano respectivamente.
Mientras el nepotismo continúa consolidándose —o, en términos más coloquiales, mientras el avilesismo transforma la municipalidad en una «PYME familiar»—, la falta de acceso a información pública clara, actualizada y fácilmente verificable sigue siendo una de las principales deudas políticas, éticas e institucionales de una gestión que se acerca a las dos décadas y media de poder.