
La situación política de Walter Gispert empieza a mostrar más certezas incómodas que dudas. Lejos de aquella victoria de 2023, hoy el escenario electoral en Punilla aparece con otra realidad.
Más allá de cualquier relato, el dato político es concreto. La performance electoral de Gispert en 2023 estuvo directamente atada a un peronismo fragmentado, sin liderazgo claro, ni estrategia unificada. En ese contexto, la aparición de la candidata peronista, Gladys Moreno —con bajo nivel de conocimiento, escaso desarrollo territorial y sin volumen político—, sumada a una interna que dejó más heridos que acuerdos, terminó allanando el camino para que Juntos por el Cambio se quedara con el tramo departamental. En términos simples: Gispert fue hijo de esa dispersión peronista.
Los números no hacen más que confirmar esa lectura. En 2019, Punilla le aportó al PJ un 55% de los votos. En 2023, con el peronismo dividido, ese caudal cayó al 37%. La diferencia no es menor: es, justamente, la brecha que explica el resultado electoral.
Pero el problema para Gispert no es solo el pasado, sino el presente. En 2023 existía una estructura que lo contenía: Juntos por el Cambio. Hoy, ese paraguas político está roto. El radicalismo se encolumna detrás de Rodrigo Deloredo, mientras que el juecismo —espacio al que responde Gispert— navega sin una estrategia clara, con una eventual alianza libertaria.
Ahí aparece otra tensión difícil de disimular. Gispert, con un perfil politico identificado ideologicamente en la centroizquierda, mantiene actualmente su «rosca» política con los sectores libertarios de punilla, un espacio opuesto a su génesis política. Lo que se percibe como una maniobra de supervivencia política.
Mientras tanto, puertas adentro del propio juecismo, algunos dirigentes ya no miran a Gispert como la opción natural y comienzan a posar los ojos en el actual intendente de Valle Hermoso, Daniel Spadoni. No es un dato menor: a diferencia del legislador, tiene territorio, gestión y anclaje real en el departamento. Y en política, esos atributos pesan más que cualquier arreglo de cúpula.
Gispert enfrenta un escenario donde la reelección dejó de ser una continuidad lógica.