Del radicalismo al kirchnerismo: la elasticidad ideológica de Omar Ruiz

La llamada “borocotización” dejó de ser una anomalía para convertirse en regla, y en ese mapa de lealtades líquidas, Omar Ruiz aparece, como su ex jefe Aviles, como un caso testigo: un dirigente que hizo del cambio de camiseta no una excepción, sino un método.

Hoy, Ruiz compite —casi en espejo— con el propio Esteban Avilés en una carrera silenciosa por ver quién acumula más mutaciones políticas sin pagar costos. Y ese es, quizás, el punto más inquietante: la naturalización de estos recorridos en una dirigencia que parece haber perdido todo anclaje doctrinario.

Su punto de partida fue la Unión Cívica Radical, cantera histórica que lo vio nacer políticamente y le abrió las puertas a un cargo como concejal. Pero ese primer compromiso ideológico duró lo que duran las oportunidades. Con rapidez, Ruiz encontró un nuevo paraguas en el espacio de Elisa “Lilita” Carrió, desde donde dio el salto a la Legislatura provincial, sin olvidar su paso poe el GEN de Margarita Stolbizer. Un ascenso que, lejos de consolidar identidad, confirmó una lógica: algo de poder como único norte.

El recorrido siguió con su desembarco en la gestión de Esteban Avilés, donde recaló como funcionario, sumando otro giro a una trayectoria ya marcada por la flexibilidad política. Sin embargo, el dato más elocuente llegó después: su paso —sin escalas— hacia el kirchnerismo, espacio históricamente enfrentado tanto al radicalismo como a los sectores que antes lo cobijaron.

Ese viraje no fue menor. Implicó cruzar una frontera ideológica que durante años estructuró la grieta política argentina. Del discurso republicano al relato nacional y popular, sin escalas ni explicaciones de fondo. La pregunta se anticipa: ¿cuál será la próxima «camiseta» del ambiguo dirigente Ruiz?

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