La reelección que la oposición le está regalando a Aviles.

Falta exactamente un año para las elecciones municipales. Mientras Esteban Aviles vuelve a aplicar la misma estrategia que le permitió sostener más de dos décadas de poder, la oposición sigue atrapada entre divisiones, egos y la incapacidad de construir una alternativa colectiva, real y competitiva.

La pregunta ya no es quién será el próximo intendente de Villa Carlos Paz, sino cuántos años más seguirá gobernando Esteban Aviles.

Si logra nuevamente la reelección, Aviles habrá ejercido el poder político durante más de 24 años: ocho como concejal, ocho como intendente, cuatro como funcionario del gobierno peronista al frente de la Agencia Córdoba Turismo, otros cuatro manteniendo el control político del municipio mientras Daniel Gesteira ocupaba formalmente la Intendencia, los cuatro del actual mandato, mas cuatro de una casi reelección asegurada. Para ese entonces, una generación entera de carlospacenses habrá crecido sin conocer la alternancia de otro gobierno municipal.

La receta para seguir en poder no cambió: no es por grandes obras que haya hecho con fondos propios, es por dividir a la oposición hasta volverla inofensiva, incorporar dirigentes opositores a cargos en el ejecutivo, fomentar listas «blue» para fragmentar aún más el voto opositor, construir un enemigo que alimente su relato y fortalecer una maquinaria electoral sostenida por contratos y sueldos precarios en la estructura municipal, más toda la maquinaria oficialista de la Defensoría del Pueblo y la censura tácita de dirigentes de la oposición que el avilesismo no apruebe en los medios de comunicación.

Mientras tanto, del otro lado ocurre exactamente lo que el avilesismo necesita: egos desmedidos, dirigentes que priorizan candidaturas personales antes que un proyecto común y una incapacidad crónica para construir una alternativa competitiva.

Si nada cambia, el próximo 1 de junio 2027 Aviles romperá todos los récords de permanencia en el poder carlospacense. No porque sea invencible, sino porque volvió a encontrar la fórmula que mejor le funciona: una oposición dividida que, elección tras elección, termina siendo su mejor aliada.

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