PJ de Punilla: el tablero departamental ya está en juego

El “modo campaña” dejó de ser un rumor de sobremesa para convertirse en una dinámica concreta. Aunque intendentes y punteros lo nieguen en público, en el Valle de Punilla la carrera por la candidatura departamental del PJ ya empezó.

Los nombres que se mueven con mayor intensidad son dos: Mariana Caserio, actual vicepresidenta del ERSEP, y Fabricio Díaz, intendente de Capilla del Monte. Dos perfiles distintos, pero con un punto en común: la necesidad de sostener cuota de poder en un escenario político cada vez más competitivo.

Territorio versus estructura

En el caso de Díaz, el argumento es claro: dos mandatos al frente del municipio, la presidencia de la Comunidad Regional de Punilla y un territorio validado en las urnas. Capital político concreto, con anclaje territorial y gestión comprobable. El problema es que el antecedente reciente no juega a favor del peronismo departamental. En la última elección, el triunfo fue para Luis Juez, quien impulsó la candidatura de Walter Gispert, actual legislador, que terminó imponiéndose. Ese dato no es menor: competir no garantiza ganar. Si el oficialismo provincial logra sostener el poder con una eventual reelección de Martín Llaryora, Díaz podría encontrar un lugar en el gabinete —probablemente de segunda línea— como compensación política. Nada está cerrado, pero todo está negociado.

El peso del apellido.

Del otro lado del tablero aparece Mariana Caserio. Hija del histórico dirigente Carlos Caserio, ambos con pasado kirchnerista y hoy alineados al llaryorismo, más por conveniencia estratégica que por convicción ideológica, según reconocen en voz baja dentro del propio PJ. Su desafío es evidente: el ERSEP no es un trampolín cómodo. Los aumentos sostenidos en los servicios públicos erosionan imagen y la colocan en el centro de reclamos ciudadanos. Difícil construir volumen electoral desde un organismo asociado al ajuste tarifario. Sin embargo, en la lógica interna del peronismo, el equilibrio suele imponerse. Si Díaz compite por la departamental, Caserio tendría asegurado un lugar en la lista sábana. Una salida salomónica que evita fracturas, pero que genera malestar.

La interna que no se dice.

En el centro norte de Punilla, varios intendentes y dirigentes reclaman “pista”. Señalan que las decisiones siguen tomándose “a dedo” y que el apellido pesa más que el voto. “A la que le caen los cargos de arriba y nunca ganó nada”, dispara, en reserva, un dirigente con peso territorial, en clara alusión al «apellido Caserio».

El mensaje es claro: la discusión no es solo electoral, es de legitimidad interna.

Mientras el PJ intenta ordenar su estrategia, el tablero ya está desplegado. La disputa por la Legislatura empezó antes de lo que muchos admiten. Y en Punilla, como casi siempre, la pelea no es solo contra la oposición: también es hacia adentro.

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