San Antonio. Mientras Moyano administra el poder, el radicalismo administra sus rencores.

En San Antonio de Arredondo, el principal aliado del intendente Ariel Moyano no es su gestión, sino la incapacidad del radicalismo para superar una herida, que según entienden apuntan a la traición de la ex intendenta Patricia Ciserone.

La tensión entre la exintendenta Patricia Ciserone y quien fuera su secretario de Gobierno y candidato a sucederla, Roberto Grigione, no se expresa públicamente. No hay declaraciones cruzadas ni acusaciones abiertas. Sin embargo, en los pasillos de la política local pocos dudan de que la herida se haya curado. Es una pelea silenciosa, tácita, que se libra por abajo, subterráneamente y con operaciones políticas.

La raíz del conflicto sigue siendo la última elección municipal. En el sector de Grigione nunca terminaron de perdonarle a Ciserone la decisión de hacer coincidir los comicios locales con la elección provincial. Para muchos, fue parte de un arreglo de Cicerone con sectores del PJ provincial y del ex Defensor del Pueblo Mario Decara, para favorecer al por entonces candidato Moyano y que dejó a Grigione con uno de los peores resultados que haya registrado la UCR local.

Lejos de cicatrizar, aquella derrota sigue condicionando el presente de la oposición. Hoy, un sector de la ucr local, trabaja para impedir un eventual regreso de Ciserone como candidata y apuesta por instalar al actual Tribuno de Cuentas Pablo Battan, dirigente identificado con el juecismo y sobrino del legislador departamental Walter Gispert, pero con una gran dosis de desconocimiento para el electorado sanatoñense.

La paradoja es evidente. Moyano se encamina a la reelección no por los méritos de su gestión, sino porque enfrente hay una oposición que, aunque intenta disimular, sigue tropezando con heridas y rencores del pasado.

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