
“Si tenés algún problema, vamos afuera”. La frase no salió de un ring clandestino ni de un bar de madrugada: retumbó en plena sesión legislativa del lunes, donde lo institucional quedó, por un rato, en segundo plano. Lo que pintaba como otra jornada caliente —cruces habituales entre oficialismo y oposición, chicanas de manual y discursos para la tribuna— terminó desbordando por un costado inesperado: dos legisladores del mismo partido a punto de dirimir sus diferencias a las piñas.
El clima ya venía cargado, pero el punto de ebullición llegó cuando Sebastián Peralta puso en la mira a la conducción del comité provincial. No fue un planteo tibio: cuestionó con dureza la negativa de habilitar un nuevo núcleo interno, una decisión que —según dejó entrever— tiene nombre y apellido.
Del otro lado, Oscar Saliva, actual secretario electoral del partido y también legislador, no se quedó en el molde. Lo que empezó como un cruce político derivó rápidamente en un pase de facturas internas, con reproches que venían acumulándose hace tiempo y que encontraron en la sesión el peor escenario… o el mejor, según se mire.
Ahí fue cuando la discusión dejó de ser discursiva y amagó con pasar al terreno físico. El “vamos afuera” sonó más a ultimátum que a metáfora, y por unos segundos el recinto se transformó en un ring improvisado, con colegas intentando poner paños fríos y evitar que el papelón fuera completo.
No pasó a mayores, pero la escena dejó expuesta una interna que ya no se disimula. Cuando los trapos sucios se lavan en público —y con amenaza de piñas incluida—, queda claro que la grieta no siempre está enfrente. A veces, está sentada en la misma banca.